dilluns, 3 de desembre de 2012

UN GRITO EN LA NOCHE

Hoy añadimos dos nuevos relatos, en esta ocasión se trata de las continuaciones a un comienzo previo. 

Por Laura Sancho Quiles, de 1º ESO C:

   Era una noche límpida y estrellada, descansábamos estresados por una jornada muy dura cuando, de improviso, se oyó un ruido y un grito de espanto. Se encienden las luces, todos saltan de la cama, se ponen el pañuelo al cuello, los zapatos y los anoraks, y salen. Estos se encuentran con algo extraño, algo que no se ha visto en años y un fenómenos un tanto extraordinario; se trataba de una piedra pequeña. Era un mineral especial, mágico; era rojizo por dentro y por los laterales, blanco y brillante. Pablo vio una cosa en el centro del mineral, era redondo y de un color fuerte, amarillo; era algo que no habían visto en su vida.



  Era media noche y los amigos de Pablo junto con él se fueron a la biblioteca para buscar información sobre ese fenómeno extraño. Marina y Ana encontraron la información que querían. La piedra se llamaba Larius-caplis, en el libro ponía que era un mineralque hacía cosas extrañas: emitía voz de mujer, emitía gritos, rugidos... A continuación, en el segundo párrafo decía que era un mineral importante que se podía utilizar para hacer el bien, porque Larius-caplis tenía una fuerza brutal para cambiar lo que quisieran.

Los amigos de Pablo se fueron, ya estaba amaneciendo y tenían que regresar a sus casas. Pablo se quedó con el mineral que habían encontrado. Por la mañana se vieron en el colegio y observaron que el cielo estaba raso, diferente, algo pasaba en ese cielo.

Marina pensó que podría ser cosa de Larius-caplis y Ana asentía con la cabeza. Luna había cogido el libro de la biblioteca, el que estaba relacionado con al piedra. Celia leyó el tercer párrafo y ponía que para que la piedra hiciera el bien y no tuviera efectos peligrosos, se tendría que depositar en una zona alta. Por la tarde, Pablo y sus amigos fueron al bosque a dejar el mineral en una montaña. Así lo hicieron y desde ese día todo volvió a la normalidad.

Por Óscar Cano Milvaques, de 1º ESO A:


  Era una noche límpida y estrellada, descansábamos estresados por una jornada muy dura cuando, de improviso, se oyó una especie de rugido y un grito de espanto. Se encendieron las luces, todos saltaron de la cama, se pusieron el pañuelo al cuello, los zapatos y los anoraks y salieron. Allí fuera, en el bosque, se encontraron a la niña del sueño de Hansen, y como había soñado, estaba herida por un mordisco de león. Nadie sabía qué hacer, pero el más anciano de todos había sido médico en una aldea al norte de Noruega, y sabía apañarse con alimentos del bosque para curar. Pidió y buscó unas plantas en  los alrededores mientras otros dos jóvenes se habían quedado con ella en la cabaña. Al encontrarlo fueron todos a la cabaña. El anciano hizo unas cuantas masas con esas plantas mientras los demás buscaban tijeras, hilo, aguja y toallas y prendas finas.

  Al terminar la curó  y desinfectó una de las masas. Después cortó unos trozos de carne que no se podían salvar. Luego le cosió las heridas, le quitó la sangre que sobraba, le puso otra masa para que cicatrizara y se lo tapó con las prendas finas.

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